Y cuando el curso escolar se acerca a su final, cuando podríamos limitarnos a contemplar todo lo conseguido y celebrar el camino recorrido, en la Escuela Infantil Arco Iris de Cártama, sentimos que todavía nos queda algo importante por hacer.
Porque la magia de Arco Iris siempre ha sido esa: no dejar nunca de soñar, de aprender y de buscar nuevas formas de cuidar la vida.
Han sido dos años de huertos, insectos, aromáticas, flores de azahar, estanques, patios inclusivos, reciclaje, biodiversidad, alimentación saludable, emociones, convivencia y aprendizaje al aire libre. Dos años descubriendo que la naturaleza no es solamente algo que se estudia, sino algo que se vive.
Hemos sembrado muchas semillas. Semillas de respeto, de curiosidad, de empatía, de compromiso y de esperanza. Las hemos sembrado en la tierra, pero también en el interior de nuestros niños y niñas.
Y ahora, cuando este proyecto llega a su fin, comprendemos algo maravilloso: los proyectos terminan, pero las raíces permanecen.
Finaliza una etapa, pero no termina el camino.
Porque todo lo aprendido seguirá creciendo en Arco Iris.
Seguirá irradiando en nuestros patios, en nuestro huerto, en nuestra Ecoescuela, en nuestras conversaciones, en nuestros cuentos y en nuestra forma de entender la educación.
No es casualidad que nuestra escuela se llame Arco Iris.
El arco iris aparece cuando la luz encuentra el agua. Cuando el cielo y la tierra se abrazan. Cuando elementos diferentes se unen para crear algo extraordinariamente bello.
Y eso es exactamente lo que hemos intentado construir durante estos años: un puente entre la naturaleza y la infancia.
Entre los conocimientos y las emociones. Entre los pensamientos y el contacto con la tierra. Entre las familias y la escuela. Entre los sueños y las acciones.
Una escuela donde aprender significa también cuidar.
Donde observar una flor es hacer ciencia.
Donde plantar un árbol es educar para el futuro.
Donde recoger un residuo es una forma de ciudadanía.
Donde la belleza también forma parte del aprendizaje.
Por eso queremos cerrar esta etapa con una experiencia que simboliza todo lo vivido.
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, nuestra comunidad educativa se trasladará al río Guadalhorce para llevar a la práctica aquello que hemos aprendido durante estos dos años.
Familias, alumnado, docentes, agentes de medio ambiente, Protección Civil y Ayuntamiento de Cártama trabajaremos juntos para recoger residuos, cuidar el entorno y plantar especies autóctonas como el fresno, contribuyendo a proteger nuestro río y a construir un futuro más sostenible.
Será nuestra guinda del pastel.
La demostración de que la educación cobra sentido cuando sale de las aulas y se convierte en acción.
Queremos agradecer a Alfredo, a Alfonso, a Mary y Paqui, y a todas las maestras del centro y a tantas familias, su implicación, pero especialmente a Ecoluciona y a Miguel, su acompañamiento durante este viaje.
Su aportación ha sido mucho más que una colaboración técnica. Ha sido inspiración, generosidad desinteresada, orientación y una ayuda imprescindible para que esta propuesta educativa encontrara su propia identidad y creciera hasta convertirse en una seña de identidad de nuestro centro.
Gracias.
Hoy terminamos un proyecto.
Pero seguimos caminando.
Seguimos aprendiendo.
Seguimos sembrando.
Porque en Arco Iris creemos que los niños y niñas no son demasiado pequeños para cambiar el mundo.
Somos una escuela pequeña.
Pero tenemos grandes sueños.
Puede que la mayor enseñanza que nos deja esta aventura: que las grandes transformaciones comienzan cuando un grupo de personas decide cuidar juntas de la vida.
Como comunidad.
Como Ecoescuela.
Como Perma-Cole.
Como Arco Iris.
Porque los bosques empiezan con una semilla.
Y los arco iris... con una gota de agua y un rayo de luz.

(3).png)

(1).png)
(4).png)
(2).png)
